Jun 03 2008
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Si nos detenemos un instante a reflexionar, posiblemente concluyamos que uno de los mayores placeres intelectuales que una persona puede disfrutar es saberse en posesión de la verdad. Hacer partícipes a los demás de esa pretendida verdad intocable es el primer paso del camino que nos conduce a esa sensación de absoluta placidez en la que todo el mundo nos da la razón y nos admira como descubridores y comunicadores de una pizca de realidad que ayuda a seguir tejiendo una existencia más próxima a la perfección. Ese podría ser perfectamente el origen de la política y de los políticos, allá en el albor de los tiempos.
Desgraciadamente cuando bajamos del mundo de las ideas al mundo de los periódicos, de los telediarios e incluso de nuestra misma vida cotidiana, posiblemente concluyamos que la política y los políticos surgieron de la atávica necesidad que muchas personas tienen de decirle a los demás qué es lo que más les conviente y, por tanto, qué es lo que deben hacer. Es un instinto tan antiguo y noble como el que dio lugar a la prostitución, profesión en la que tantos y tantos políticos de nuestro infortunado país tienen la bondad de mirarse parqa regir nuestros destinos.
Y como son precisamente nuestros destinos los que están rigiendo, cuatro españolitos de a pie hemos decidido poner en común en esta página las opiniones que nuestros bienamados padres de la patria nos merecen, echando a la arena de la dialéctica cualquier asunto relacionado con el arte de bien gobernar, venga de donde venga: la televisión, la radio, internet, nuestras propias heridas y las de los prójimos que nos sirvan para instalarnos en la pretentida verdad de la que se hablaba al principio de este texto.
Porque sí, los cuatro consideramos que estamos en posesión de la inmutable verdad pero… curiosamente pensamos de modo diferente en algunos casos, radicalmente opuesto en el resto.
Va a haber sangre.
